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La causa por el tejado

Venía de escuchar un chiste muy malo. Llegaba de discutir a golpes consigo mismo. Regresaba de una vuelta atrás pensada hacia adelante. Había estado circulando en línea recta en torno a una idea con mucho recorrido circular. Pensó en ello y ello pensó en él; tanto como ella, pero hay cosas que pasan y otras que pasan de largo. Después se lo comentó todo (o casi todo) a la compositora de pausas y se guardó un tanto para consultarlo con el corredor de balsa (un auténtico salvavidas). Estaba en una travesía sin cuentos con muchos caminos para tomar en serio.    

Entre todos vieron lo que ocurría: tras dar el golpe en el banco de palabras para llevarse el botín más preciado (una maleta llena de respuestas), descubrió que... el gope de efecto había abierto un boquete en un cúmulo de sentidos con los que no contaba; y que estaban pendientes por ser propios. Incluso, dentro de este equipaje también había algunas de las ansiadas respuestas. En definitiva, motivos para hablar y razones para trabajar en direcciones adecuadas. 

La compositora de pausas le prestó un espacio aislado sin paredes, con mucha intimidad. Un lugar perfecto para no escapar más. El corredor de balsa le dio sus remos. Y una tercera persona que no cuadra donó a la causa una consecuencia. Y así, con todo el terreno preparado, esta vez sí, empezó a construir la causa por el tejado después de caer de golpe contra el suelo. El fondo empezaba a imponerse. Llegar a él es cuestión de tiempo.      

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