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El detalle de los matices tatuados

Collage de Erregalvez.com
Se tatuó tres matices pendientes entre el brazo y su racionalidad. Lo hizo al atravesar eso que llaman -en los ámbitos de autoayuda- "la zona de confort". No lo tenía claro del todo, pero inyectó una sutil sombra para romper esquemas consigo misma y así decidirse. Dice que en ese espacio entre tejidos epidérmicos (algunos más ásperos) existe un canal de comunicación que necesita contenidos de producción propia. Y más allá de los contenidos ella necesita generar respuestas en ese espacio; respuestas que pasan por los matices pendientes que acaba de dibujarse. Nunca fuera de su piel. Sólo las preguntas vienen del exterior. Lo decidió aquella noche, en un pueblo con mar después de un concierto; la noche en la que los matices hablaron. La noche en que todos callaron y ella no encalló por culpa del silencio.

Ella es un matiz, el pequeño detalle de una familia de 5 hermanos. Su madre lo fue antes, su padre también marcó el camino. El conjunto es un dibujo que aunque parece definido no deja de ser un mapa por indefinir para ser definido por ella con la información que pasa por ese canal bajo razón. Los tatuajes trazaron la historia. Su propia trama. Y los argumentos ya desfilan con naturalidad gracias a la indefinida construcción. Ella sonríe. No sabe si el tiempo pondrá todo en su sitio, pero sí tiene claro que ella colocará su guion en sintonía con los matices que afloran. Ella es causa y consecuencia. Un detalle. Una parada dentro de un hilo conductor ajeno. El paso hacia el ecuador de una certeza por entender. El tatuaje, por su parte, quiere ganarse el derecho a ser parte de ella...

...Y aunque ella no quiere ser sólo trazos, sí es consciente del valor de forjar sus propias líneas de pensamiento y actuación a través de un tatuaje de matices que ayuda a entender lo que pasa por sus interiores. Un día soñó que quería escribir una idea -para retenerla antes de despertar- en una pared de agua y ladrillos de pausas y causas, pero no tenía con qué; un intervalo le prestó una pluma que sólo escribe en superficies con base profunda. Hizo lo que pudo. El intervalo se resolvió con el tiempo y ella tatuó la idea en aquel charco vertical. Cuando despertó no recordaba nada, pero sí que tenía algo que recordar. Dejó pasar el tiempo y el recuerdo perdió cuerpo. 

Ayer, mientras se tatuaba el último de sus guiones soñó despierta que alguien le susurraba al oído sin decir nada. Pensó en los miedos y los aparcó en un espacio ad hoc con todo respeto. Entonces lo recordó. ¡Para! Exclamó al tatuador... Esa I lleva tilde. Y después viene otra frase que no es la que te he pasado por escrito. Estamos a tiempo, suspiró el tatuador. Entonces ella sonrió al comprobar cómo la idea que soñó iba tomando forma dentro de su cuerpo comunicado. Todo empezaba a ponerse en su sitio, en su mundo de preguntas y respuestas, con una certeza a medio cocer y una historia que empieza a condicionar a otra que empezó el año pasado antes de los primeros matices.

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