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No tienes ni puta idea...

...Pero ni puta ida! La conversación había decidido hacer una media maratón por su cuenta, de recorrido incierto y meta a lo lejos, pero a la vista. Lo del medio siempre quedaba en un maldito imposible. Como el eterno nudo que precede al desenlace. El resto eran sufrimientos en paradero desconocido y orígenes comunes. Ni puta idea teníamos cuando nos conocimos en aquel rascacielos, donde un diálogo llevó al otro y de ahí a 1044 razones de maneras de enlazar motivos. Sin medir las consecuencias y sin patinar sin patines por el camino de la dulce amargura. Sin redes ni chalecos salvavidas. Matar o morir

Sobre la mesa, sobre las sábanas, sobre los planes que escribimos y nunca hicimos, sobre la lluvia que no cala, sobre el asfalto de lona circense, sobre un mar que casi no probamos y sobre la idea de probarlo, sobre el sobre que contiene esa carta que nos enviamos sobre el asunto de fondo... Sobre todo, no tienes ni puta idea... Pero lo sabes de sobra.  

Anoche encontré un archivo adjunto que contenía el silencio que siempre queda cuando te vas. Después soñé que te quedabas conmigo para siempre. Más tarde me caí de la cama y el suelo era una esfera de arena, sin leones, pero con payasos sin gracia. Y yo, un equilibrista con miedo a las alturas superficiales. Al día siguiente escribí la canción que mañana estreno en el concierto de invierno. En dos semanas grabaré la película debajo de la primera capa de mi piel. La sinopsis ya te la sabes. La escribimos un viernes sin red. 

Nota: Es la primera parte de un texto que me encontré esta mañana enrollado y tirado al pie de mi portal. Es reciente, la tinta estaba templada. Las emociones tienen relieve. La segunda parte está cosida a una tercera que ata cabos y que requiere un trabajo de asociaciones que me va a llevar unos días realizar.

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