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UNA PAREJA CON MIGA

Venía de comerse un buen plato de migas extremeñas. Un manjar que si uno tiene el placer de degustar de la mano de un profeta de su tierra, se reconciliará con la vida. Javier es un sibarita, sabe qué, dónde, cómo y cuándo saborear los placeres que nos ofrece el entorno. Había quedado con Matilda, con quien había iniciado días antes una prometedora relación.

Se tomó una sal de frutas, ya que al no dejar resto alguno en el plato, su organismo le pedía un empujoncito. Un paseo de una hora después estaba listo para deleitarse con la 3ª cita. En Matilda había encontrado lo que su misoginia adquirida en los últimos años le había impedido descubrir en las mujeres. Incapaz de comprometerse con ninguna de ellas, mitad culpa ajena mitad culpa de su aguerrido infante interior, no pasaba del año en una relación.

Algo había cambiado en él, pero no lograba identificarlo. Sentía como si una puerta se le hubiera abierto, dando paso a un mundo propio lleno de ganas de dar y no tanto de recibir. El egoísmo y egocentrismo tan arraigados parecían haber mermado en los últimos tiempos. Estaba listo para entregarse. Matilda, aunque más reservada que Javier, parecía compartir intenciones y emociones.

Caminar sin mirar atrás. Eso hicieron durante los primeros 500 metros. Un buen paseo entre asfalto y hojas amarillentas secas. De la mano, abrazados, separados, joviales, con una sonrisa perenne e idiota en sus caras no dejaban de poner un pie delante del otro. Llegaron al restaurante japonés y se pasaron la velada intercambiando inquietudes. Ya en casa de Matilda comenzaron –y no pararon hasta bien entrada la madrugada- de retozar.

Han pasado 20 años, Matilda y Javier siguen juntos. Son felices y siguen caminando. Eso sí, miran mucho hacia atrás, sin miedo. Y saludan a lo que tienen por delante. Han conquistado su tiempo, con todo lo que implica. No son invulnerables ni están alejados del peligro que ofrece la misma vida, pero conviven y comen juntos siempre que pueden. De hecho ahora, mientras escribo estas líneas, puedo observar cómo se están poniendo ciegos a base platos extremeños. ¡Tiene miga la cosa!

Salud!

Comentarios

Nacho Hevia ha dicho que…
Las migas están riquísimas...compartidas más! y si siguen gustando tras 20 años... es que la receta funciona... felicidades por ellos!
Anónimo ha dicho que…
Me gustan las migas compartidas con quien más te importa, así saben mucho mejor. También me gusta el sabor de un trago de sal de frutas cuando tienes un 'atasco'monumental, ojalá hubiese sales para todo. Pero lo que más me gusta es mirar sin miedo hacia atrás y si hay algo del futuro que me da vértigo, tener una mano cerca que me sujete.20 años es poco, no? Por lo menos 40.
Anónimo ha dicho que…
Se me ha olvidado decir que lo que más me gusta de la semana, es compartir la noche de los martes, viendo PUÑETEROS, eso me encanta!!!
copifate ha dicho que…
Hacer buenas migas es sinónimo de amistad. No se el origen, quizás sea un juego de palabras, hacer amigos. ¿Alguién lo sabe?
Necesito a Poyos.
Anónimo ha dicho que…
Juan: A poyos y a yuda también les va el rollo de compartir migas... con miga. La amistad es su salsa y mejor acompañante.

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