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El día siguiente de la noche que viene

La noche fue mágica. Él consiguió escapar del cartel para el que había sido pensado. Ella abandonó toda desesperanza. Y ellos, que iban con 'ellos',  lo pasaron en grande mirando las luces que desprendía la música del espectáculo. Hasta entonces todo parecía destinado al proceso. Roto el cartel, abandonada la desesperanza y conectadas las luces de la música, el escenario ya nunca sería el mismo. Él lo sabía, ella lo intuyó y ellos hicieron las conexiones adecuadas. La magia, en ocasiones, consiste en desestructurar los trucos que le dan sentido. Y la noche, al menos la que cerró aquel viernes de diciembre, quiso despojarse de su sostén estructurado.
Elreferente.es / Circo Price

Cuando ella pensó que era el momento de pinchar el globo, él cogió aire y ellos se dejaron llevar por la fuerza de las luces con música. Después él contuvo el aire ajeno mientras sacudía el propio. Se trataba de habitar el trapecio pero sin el riesgo de caer al vacío; suficiente con que exista el suelo. Porque el suelo se puede entender de muchos modos. Se puede entender desde su misma horizontal, desde cierta perspectiva gravitatoria, desde un plano cenital o por la tangente más transversal. El suelo es capaz de sostenerte o de reventarte; según el contexto desde el que aterrices en él. Y ellos, él y ella, tenían que mirarlo bien todo desde arriba para entender la superficie que iban a pisar.

Caballos de mar, espacios en blanco con sentido, equilibristas en do mayor, bailarinas con parche en el ojo, trucos por colores, letras emancipadas de su frase, dobles direcciones y todo por venir. El escenario estaba lleno de argumentos para construir y diseñar la historia del espectáculo a la medida indicada. Indicada entre el sentido común y la dirección aparentemente inadecuada (una flecha dibujada con semillas en un restaurante pensado para fabricar listas de cosas por hacer; una flecha que apunta y apuesta). La noche fue mágica. Al día siguiente fue difícil asumir que no todas podrán serlo. El secreto está en las listas. El desenlace, en las manos de 'ellos' y su pisada ocurrente. 



 

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