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Sin ánimo de luto, Escríbelo si agita

Su idea es sencilla: fundar una funeraria sin ánimo de luto. Un centro donde no sólo se gestione la muerte sino la defunción de intenciones e interiores; de ideas o de conversaciones empezadas. Para Carlo Parole la muerte tiene un precio exacto y emancipado de la justicia. Parte de una promesa, que no premisa: "Si no puedo devolver la vida a aquel recuerdo que tanto me acompañó durante... tantísimos años y que maté una noche sin nubes, al menos velaré con ganas procesadas por sus mermados intereses. Merecerá la pena. Se llamará Escríbelo si agita".

Tríptico (Crucifixión). Antonio Saura

Pero la idea a veces desaparece, como Carlo, que se mete para adentro y de paso se va hasta el fondo para reencontrarse con el sentido del invento; incluso con el extremo de sí mismo. Luego sufre un episodio de amnesia y vuelve a su intención fragmentada. Así son las ideas, fugaces, esquivas, traviesas, fieles, abiertas, sutiles. Saben tomar la forma adecuada en el fondo idóneo y en el momento correspondiente. Algunas se lo toman con más calma, otras, más ansiosas por cosificarse, pujan y empujan. Así es Carlo, mitad tranquilo, mitad nervioso; mitad adulto, mitad niño... Y en la mitad de la mitad se encuentra otra mitad (Escríbelo si agita) y que es más de vida que de muerte, aunque a veces tontee con el bueno de Tánatos. 

Enterrado el ánimo de luto junto al hacha de guerra, sepultada la rabia por saberse (a veces) incapaz, Carlo ya ha colocado la primera piedra para escribir y velar lo que agita. Pocos le comprenden, nadie le para, todos le animan y él se entiende. La piedra está echada. Y en el fondo del plano observa cómo se aproximan desde distintas perspectivas varias urnas llenas de frases descompuestas, de pensamientos huérfanos o en coma; de ocurrencias a medias, de vistazos torcidos o de ideas fraguadas que perdieron el hilo. Carlo se anima, tiene mucho trabajo que hacer, muchas respuestas que exhumar y más preguntas que plantear a medida que llegan las palabras. Esa es la idea.


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