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Caídos por la división del guindo

Parcela, Mula, Campos y Herrero son cuatro amigos que lo han dado todo por pisar la tierra que ni plantan en firme. Darlo todo para ellos significa tirarse al vacío desde el guindo. Un guindo que plantó -y planteó- el tío de Parcela en algún lugar centrado en el extremo de sí mismo. Durante la adolescencia se columpiaban cada día y se lo pasaban todo por el forro de las raíces. Antes, en la infancia buscaron un punto de conexión entre los deseos de venganza y el rechazo propio. Hoy, tras entregarse al suelo, desde la altura del mundo adulto, los cuatro amigos están cimentando sendas vidas (más la común) con pasta rellena de carne de suicidio superado. 

El mismo mes antes del suceso Campos tuvo un accidente, Mula vio un túnel con dobles sentidos, Herrero giró los ojos hacia el lado oscuro del párpado y Mula imaginó un mundo sin comas. Entonces llevaban dos años sin verse. Los contextos les llevaron a un espacio común: el aula/bar Poso sin forma. Se bebieron las partituras de un sueño que perseguían desde las ramas del guindo; es decir, desde que se conocieron en aquel colegio sin clases. Comentaron las cosas ocurridas desde lo personal. Intercambiaron procedencias y destinos sin final. Retomaron los vínculos.  Después accedieron a las reflexiones de los hechos por vivir. Hoy lo pueden contar. 

Hace una hora he recordado una palabra que ya no recuerdo. Y en mitad del recuerdo se ha reactivado la sensación de una experiencia que compartí en su día con Mula después de hablarme de lo mucho que echaba de menos a sus amigos. Todos esos momentos no se perderán. Ningún momento se pierde... Otra cosa es que en la caída libre desde lo alto del guindo uno pierda parte de la conciencia que decidió despertar. Pero eso no significa que desaparezca, sino que se camufla o readapta a nuevas situaciones, a otros momentos. Y no lo digo yo. Los cuatro amigos lo comentan en sus ratos libres mientras se toman unos vinos en tierra firme; firmada por un cuento... escrito.    

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